Pinta su Guayaquil entre lustradas

CRÓNICA DE UN PINTORESCO LUSTRADOR DE ZAPATOS
En el exterior del Parque Seminario, bajo la sombra de los árboles y amparado por las iguanas, José Matute Vinueza, lustra el calzado de los transeúntes desde hace trece años, y, cuando el trabajo escasea, dibuja y pinta hermosos cuadros del Guayaquil que se ha ido o de aquel que se abre paso al mundo moderno.
Es común ver su improvisada galería iluminando las transitadas Chile y Diez de Agosto. A solo unos pasos del Hotel Continental y en pleno casco comercial el peatón curioso lo observa y el turista, afanoso por llevar un recuerdo, detiene la retina en escenas como la Fragata Guayas, el Malecón 2000, la Gobernación y el Reloj Público.
Este inusual betunero, hombre humilde, residente del suburbio guayaquileño, empezó a pintar desde los seis años, pero nunca lo hizo con intensión de ganar dinero. Ya adulto, en aquellas tardes lentas y calientes que suele ofrecernos el Puerto Principal, le dio por intentar una difícil empresa, tratar de copiar una plumilla de Roura Oxandaberro. Y a los implementos tradicionales de betún, grasa, cepillos y franelas se sumaron los lápices, carbones, témperas y acuarelas. Lentamente, tal y como transcurría la tarde en que todo empezó, el lustrador se convirtió en el pintor del Parque de las Iguanas.
Admirador de Dalí, Da Vinci y Kigman, hizo su primera venta a una pareja de esposos franceses. Era un autoretrato con su puesto de lustrador entre árboles poblados de iguanas. El valor fue de cien mil sucres. Y como en la realización de algo que se hace con gusto no hay quien detenga al espíritu creativo, cuando se terminaron las pinturas le dio por probar que tal sería si en lugar de los tradicionales colores usaba el tinte de los propios zapatos. Y allí empezó una nueva etapa de sus creaciones.
Las plumillas de Matute han expandido horizontes y navegan ahora por aquellos parajes que quizá su autor nunca podrá visitar. Franceses, belgas, ingleses y hasta japoneses han juntado un “Matute” al resto de souvenirs de su paso por Guayaquil y cuando vuelven se llevan otro.
En el 2005, la realidad sorprendió a sus sueños cuando en el Festival de Artes al Aire Libre, el propio alcalde le entregó una mención de honor por una obra suya y desde ese día, aquellos ideales parecen cada vez, más cerca de sus manos.
Guayaquil, pintada por Matute, luce espléndida, radiante, futurista y con halos de añoranza. Matute asegura que mientras haya interesados en su arte él seguirá ofreciéndolo, después de todo, no puede haber visión de la Perla del Pacífico, más limpia y transparente que la que nos ofrece el humilde pintor de las iguanas.
Lcda. Mónica Carriel Gómez
Voluntaria Dukers
DUKERS
